martes, 1 de enero de 2013

En el día de San Antonio




Había un hombre en Motril que le llamaban el “Correillo”, embustero como él solo, nadie le creía nada, un día se presentó en el Centro de Cazadores y contó lo que sigue: Yo venía de Vélez y me encontré con una banda de gorriones que tapaba el Sol, echó mano a la escopeta y no tenía perdigones; pero no me turbé, metí la vaqueta en el cañón su pólvora correspondiente y disparé. Me puse a recoger gorriones y llené los serones más dos sacos. Todos lo miraban con cara de asombrados, sabían que era mentira pero como lo decía tan serio nadie lo ponía en duda y siempre igual, cosa de motrileños.

Había un barbero en Motril que le decían “Marquesito” por su forma de vestir, era elegante; los domingos se dedicaba a ir  por los cortijos con su máquina de fotografiar y con acento extranjero, reunía a la familia cortijera para hacerle una foto que es lo que menos hacía: “Y ya se la mandaré”. De paso lo invitaban a comer que era lo que el buscaba; así pasaba los domingos. Una vez llegó a la playa un domingo por la tarde, con la playa llena de gente, sacó una llave de bolsillo, abrió  su caseta que no existía, cerro la caseta, se desnudo y toda la gente lo miraba y él tan tranquilo. Cerro la caseta y a una pareja que lo miraba, con mucha cara le dice: Tome la llave por si su novia quiere bañarse. Con todas estas historias se puede escribir la historia de un pueblo, Motril tiene muchas.

Había un gitano en Motril que le decían el “Puyo”, sin herramientas con un martillo y unos alicates, pregonaba: Se arreglan cacicos, sartenes, romanas y se atirantan colchonetas. Para ello se necesitan diez o doce años de aprendizaje y no los tenía.

En el día de San Antonio todos los chavales a cinco céntimos juntábamos un duro y nos marchábamos a la calle de las Cruces ya disfrutar, nos llenaban los bolsillos de cacahuetes y garbanzos tostados. Aquello era maravilloso, lo que disfrutábamos, pero de todo hay en la vida, yo tenía un amigo que le dice el padre: Toma un duro, Y el le dice: Papa si tengo el del año pasado. Ya podéis pensar lo derrochador que era.

Antes de la Guerra había unas costumbres muy familiares, era bonito ir toda la familia al cortijo del Conde a comer naranjas, los niños decíamos: Vete al Cortijo del Conde que te pelen y que te monden, que te corten las orejas y que te pongan otras nuevas.

Los primeros tocadiscos que llegaron a Motril los ponían en los bares, yo era muy niño, habían algunos que miraban por el altavoz pues creían que estaba el cantaor dentro; era muy gracioso ver la caras de asombro de aquellos hombres, de admiración por lo que sentían, no se lo podían creer y así era todo en aquellos tiempos.

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