miércoles, 2 de enero de 2013

Como un barco sin rumbo



Hice muchas cosas en la vida, unas buenas otras malas y otras regulares; pero una de las peores que hice fue marcharme de la tierra que más quería, aún estoy convencido de que no fue culpa mía. Hoy no me hubiera marchado, a nadie le deseo lo que pasa un emigrante. Llegas a una tierra que no conoces la lengua, las costumbres y la cultura; en fin, eso queda para el que lo pasa.

Poco a poco fui haciéndome a aquello que trabajo me costó, todo esto se lo debo a los caciques de mi pueblo que por no dar no daban ni trabajo; me consolaba cada momento de mi tierra, de sus costumbres, de sus gentes, de todas las cosas hermosas que allí había que no son pocas.

Los años lo curan todo y al fin me hice a convivir con ellos, crié mis hijos, los situé en la vida y estoy contento; pero no por eso dejo de acordarme de mi tierra donde nací y ahora que tengo tiempo vengo cada vez que puedo para así recordar algo de mi vida que ya quedó lejos pero que no se olvida

 

Es tan bonito mi pueblo

que no lo puedo olvidar

donde yo jugué de niño

donde no podré jugar

ni sentir las gaviotas

en la orilla del mar

ni el ruido de las olas

cuando te vas a acostar

 

Como un barco sin rumbo

navegando en alta mar

Dios decide tu destino

y te hace en un puerto atracar

eso no tiene importancia

lo bueno es que hay que llegar.

 

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