jueves, 9 de mayo de 2013

“Caminando por la huella de nuestra memoria”


“Caminando por la huella de nuestra memoria”
 
Llevo Motril en mi alma
y nunca lo olvidaré
lo añoro y siempre lo añoro.
No importa la distancia
si se quiere de verdad,
la tierra donde uno nace
nunca se puede olvidar.
¡Aquel día  que en el tren me fui alejando!
Lo que más quería atrás se iba quedando.
 
Hoy vuelvo a mi tierra, me gusta recorrer sus calles y plazas, me quedé asombrado al ver el Camino de las Cañas que para mí está muy bonito; pero, no es el Camino de las Cañas que llevo en mi mente. Tanto jugué en esa calle que era mi calle, allí nací y la llevo dentro de mi alma. Era la carretera de Granada, en ella aprendí todos los juegos de mi niñez, a colgarme de los coches para coger cañas como muchos niños. ¡Esta no es mi calle! ¡Que me la han cambiado! La calle que tanto quería, fue mi cuna, allí tenía la escuela, mis amigos… lo recuerdo con tanta nostalgia, que este no es el “Camino de las Cañas”.
 
A un hombre de Motril  le llamaban el “Correillo”, embustero como él solo, nadie le creía nada, un día se presentó en el Centro de Cazadores y contó lo que sigue: Yo venía de Vélez y me encontré con una banda de gorriones que tapaba el Sol, eché mano a la escopeta y no tenía perdigones; pero no me turbé, metí la vaqueta en el cañón con su pólvora correspondiente y disparé. Me puse a recoger gorriones y llené los serones más dos sacos. Todos lo miraban con cara de asombrados, sabían que era mentira pero como lo decía tan serio nadie lo ponía en duda y siempre igual, cosa de motrileños.
 
A un barbero motrileño le decían “Marquesito” por su forma de vestir, era elegante; los domingos se dedicaba a ir  por los cortijos con su máquina de fotografiar y con acento extranjero reunía a la familia cortijera para hacerle una foto, que es lo que menos hacía: “Y ya se la mandaré”. De paso lo invitaban a comer que era lo que él buscaba; así pasaba los domingos. Una vez llegó a la playa un domingo por la tarde, con la playa llena de gente, sacó una llave de bolsillo, abrió  su caseta que no existía, cerro la caseta, se desnudo y toda la gente lo miraba y él tan tranquilo. Cerró la caseta y a una pareja que lo miraba, con mucha cara le dice: Tome la llave por si su novia quiere bañarse. Con todas estas historias se puede escribir la historia de un pueblo, Motril tiene muchas.
Había un gitano que le decían el “Puyo”, sin herramientas, con un martillo y unos alicates pregonaba: Se arreglan cacicos, sartenes, romanas y se atirantan colchonetas. Para ello se necesitan diez o doce años de aprendizaje y no los tenía.
 
En el día de San Antonio todos los chavales, a cinco céntimos juntábamos un duro y nos marchábamos a la calle de las Cruces  a disfrutar; nos llenaban los bolsillos de cacahuetes y garbanzos tostados. Aquello era maravilloso, lo que disfrutábamos, pero de todo hay en la vida, yo tenía un amigo que le dice el padre: Toma un duro, y el le dice: Papa si tengo el del año pasado. Ya podéis pensar lo derrochador que era.
 
Antes de la Guerra había unas costumbres muy familiares, era bonito ir toda la familia al cortijo del Conde a comer naranjas, los niños decíamos: Vete al Cortijo del Conde que te pelen y que te monden, que te corten las orejas y que te pongan otras nuevas.
            Los primeros tocadiscos que llegaron a Motril los ponían en los bares, yo era muy niño, habían algunos que miraban por el altavoz pues creían que estaba el cantaor dentro; era muy gracioso ver la caras de asombro de aquellos hombres, de admiración por lo que sentían, no se lo podían creer y así era todo en aquellos tiempos
 
La calle Catalanes tenía una barbería y un barbero que se llamaba Mora, aficionado a los toros, le hacían creer que sabía torear. En Motril se celebraban corridas nocturnas con vacas y toreaban paisanos. Convencieron al tal Mora para torear y le dijeron que se pusiera delante del chiquero que le echarían un marrano para que la gente se riera; él lo hizo, pero tal fue la sorpresa que se abrió la puerta del chiquero y salió una vaca con unos cuernos grandísimos, la  vaca lo revolcó, lo dejó encueros y entonces fue la risa, aunque para él no fue así, cosas de motrileños.
 
   
Que bonico está mi pueblo
con sus fiestas patronales
que bonicas son las fiestas,
todo el pueblo las añora
pues llega cada año
el Día de la Patrona.
 
Había un mudo en Motril que era carretero y se dedicaba a construir carros, además era un buen ciclista, con la bicicleta hacía lo que quería; pero era presumido. Un domingo por la tarde con su traje blanco y su bicicleta, cuando más gente había, en el Puerto existían unos trampalanes  que hoy no están; cogía la bicicleta y motaba a mucha velocidad, al llegar a diez centímetros del final frenaba y quedaba parada la gente, aplaudiendo. Él se ponía orgulloso, cuando se cansó puso la bicicleta a un lado y tres o cuatro amigos le quitaron los tacos de los frenos y le dijeron que ellos no lo habían visto hacerlo; el mudo, muy animado, cogió la bicicleta montó y hecho a correr, al frenar no pudo y  catapún, de cabeza al agua con su traje blanco. Si el mudo se entera quién fue lo mata, cosas de motrileños.
 
Aquellos tiempos cuando se cortaban las cañas, las cuadrillas de mujeres, hombres y niños  que hacían las faenas  que nadie quería hacer. Ver a las mujeres con todo el cuerpo tapado, solo se le veía los ojos, había una de ellas que solo repartía agua a los demás, se llamaba la aguadora con su cántaro y jarro de lata con pinchas en el caño para que nadie pudiera mamar. Pues el agua era lo único que abundaba, la comida… lo único que abundaba era el buen humor, reír y cantar era lo suyo. Recuerdo aquellas coplas que decían:
- Cuando las ranas canten al sol, se pone el capataz de monda que cara pone.
- Tenemos capataz que no lo merecemos que nos echa con la Luna porque con el               Sol nos vemos.
 
Tampoco se puede olvidar ir a la playa por las mañanas y poder ver aquellos pescadores curtidos por el Sol y las brisas marineras; en sus rostros reflejaban el cansancio y la mala vida que tenía siempre lo mismo. Preparaban sus redes y al agua, con la esperanza de Dios, unas veces tenían suerte y otras no; pero ellos volvían día tras día con más o menos suerte, siempre con lo suyo que era pescar.
 
Un médico de Motril que era labrador y siempre con su capataz hablaba de las cosas del campo, un día llegó un enfermo a su consulta y como solo pensaba en las cosas del campo al enfermo le recetó: “Seis cargas de estiércol”. ¡Era lo que pensaba!
 
            ¡Don Manuel Manzano López, maestro! Tuve cuando era niño un maestro que no podré olvidar, por su constante afán de enseñar a sus discípulos lo que sabía, unos dicen que era muy malo, yo jamás lo diré pues para mi y mucho más fue un ejemplo de un ser que nació para enseñar y así lo hizo. Jamás se cansó de hacer su labor. De aquella escuela salieron muy buenos alumnos que sin tener carrera desempeñaron grandes puestos de trabajo en la sociedad en que vivimos; pero llegó la Guerra Civil y este hombre fue detenido y maltratado, obligado a trabajar en trabajos duros y todos los que fuimos sus alumnos lo veíamos hacer cosas que él no estaba acostumbrado. Yo por mi parte sufría porque veía en aquel hombre un ser diferente a los demás, para mí era un “Dios” al que respetaba. Unos cuantos alumnos empezamos a recoger firmas por si podíamos salvarle la vida, pero fue imposible, al final lo fusilaron; aquello fue para mi un mazazo, era un hombre, un honrado profesional, su misión era repartir cultura, por todo eso los caciques del pueblo no le interesaban, solo querían analfabetos para ellos poder explotarlos a su antojo, para llevarnos a sus campos y ponernos delante de un capataz que solo le faltaba pegarnos  y a veces también lo hacían.
 
Los tiempos de mi niñez eran unos tiempos malos, no conocí más que miseria y más miseria, aquello  no era vivir, creí que la vida era así; hasta que fui creciendo y me iba dando cuenta que eso no podía ser de esa manera, que unos tuvieran tanto y otros tampoco. Lo único que queríamos era poder vivir, solo teníamos el trabajo y mal pagado.
Cuando menos lo pensábamos, por unas elecciones vino la República y parecía que la vida empezó a mejorar, se pasaron cuatro años, vino la Guerra Civil y España fue el caos, todo eran odios, venganzas, abusos de poder, fusilamientos, cárceles; cualquiera era bueno para pegarte dos hostias y a la cárcel. Pasamos tres años horrorosos, pero cuando acabó la guerra fue peor. Empezaron a seleccionar a su gusto, este me dijo, este no me es simpático, unos a la cárcel, otros a fusilarlos; así vivimos unos años de miedo que para nosotros quedaron. No solo era eso, el hambre que pasamos mientras otros tiraban la comida y nos tenían trabajando por lo que nos querían dar y si protestabas te decían: eso es lo que hay…
 
 
            La plaza de España donde niños de nueve a diez años acudíamos a pedir trabajo, allí nos juntábamos cincuenta que por muy bien que marchara la cosa y con suerte cogían a la mitad, luego nos engañaban, si te decía tres pesetas te daban dos y no podíamos reclamar nada y si protestabas al día siguiente no te daban trabajo; entonces te marchabas a hacer lo de diario, que era apedrear perros por decir algo y a bañarse en nuestras piscinas públicas como era el puente de Salobreña y el Hoyo del Cenador, la Matraquilla y cosas por el estilo. A esto le tengo que agregar que los guardias te quitaban la ropa y nuestras madres tenían que ir a casa del guardia a pedir que se la devolvieran. Pero yo era un niño que sabía un poco más de la cuenta, porque hay un refrán que dice que: “Sabe más un necesitado que cien abogados”. Vivía cerca de la acequia, dejaba la ropa en casa, me ponía la mano en la pirula y al baño sin miedo a quedarme encueros, pues ya lo estaba. Era un niño que no sabía leer ni escribir, cuando fui un poco mayor comprendí que tener cultura era muy importante, entonces en vez de jugar  empecé a asistir a la escuela nocturna y lo que aprendí me sirvió para aprender un oficio que con el saqué a mi familia y situarla en la vida, por eso pido a todos que tengáis en cuenta que la vida no pasa dos veces; este que lo dice es un hombre que tiene setenta y un año.
 
            En cada pueblo había un tonto que causaba la risa de todos, una vez murió el tonto de turno y Almuñécar nos prestó uno, en aquella época un pueblo no podía estar sin tonto; ya le pusimos el nombre, cuando veía a un perro lo apedreaba, le pusimos “mataperros” con un poco de cada cosa.
 
 
            Las Semanas Santas de Motril eran maravillosas, ver la Judea con aquellas lanzas y picas, aquella seriedad, con su capitán al frente de los judíos; como marchaban, y cuando Simón se lanzaba desde el balcón. San Juanico se perdía de la procesión y los niños le decíamos: San Juanico está en la taberna bebiéndose un pesetero. Allá corrían en su búsqueda. Una vez que la Judea ensayaba en un local, una vecina denunció que había mucho jaleo y no podían dormir; vino la Guardia Civil y les dijo que pasaran, un judío le contestó: Que el capitán de la Guardia Civil no era quién, que ellos también tenían un capitán que era el único que podía pararlos. Los niños cantábamos: Pica “Pichabarro” que viene Jesús.
 
            La procesión de San Sebastian era un delirio, todos los niños tirábamos piedras y tronchas de coles, una vez al cura le partieron la cabeza de una pedrada, cantábamos coplas como esta:
 
San Sebastián sin calzones
 
que lo cambió por piñones,
 
San Sebastián sin chaleco
 
que lo cambió por higos secos,
 
San Sebastián sin camisa
 
que lo cambió por longaniza.
 
             A la romería a San Cayetano unos iban andando, a patica coja, otros de rodillas, otras mudas; cualquiera era buena para hacer una manda. Luego allí cada uno hacía de las suyas, se emborrachaban, se peleaban y lo más bonito es que todos revueltos hombres y mujeres dormían juntos en la iglesia. A media noche algún borracho tocaba a una mujer y otro le decía: ¿Qué haces burro a mi mujer? ¡Si esta es la mía! Y se armaba el lío. Aquello era bonito como todas las cosas de los motrileños.
 
            En Motril siempre hubo poco acuerdo entre labradores del campo y labradores de secano, cuando llovía los del campo se conformaban, lo secaneros decían que llovía poco y así siempre estaban discutiendo; pero una vez llovió más de la cuenta y salieron las ramblas y por desgracia un secanero se ahogó, estaba en la rambla de Las Brujas con el vientre hinchado y pasó un motrileño que era labrador del campo y le tocó el vientre, y va y le dice: "Por fin he visto un secanero harto de agua".
 
           
            Cerca del mercado había una tienda de comestibles que se llamaba Romualdo, tenía en la puerta de la calle una bacalá colgada de muestra, llegó un gracioso con el siete de bastos y se llevó la bacalá y en su lugar puso el siete de bastos; en ese momento salió el dueño y le dice: ¿Qué haces ladrón?  Y le responde: “Nada como el siete quita la muestra, eso es lo que hago”.
 
Aquellos hombres y mujeres que venían explicando un crimen de una joven deshonrada por un señorito, se ponían en las plazas o calles con un cártel donde tenían fotos de tal suceso; si era deshonra o crimen, el hombre con una barita señalaba a la joven deshonrada.
            Todas las mujeres se agolpaban  y hacían un coro todas con lagrimas en los ojos que parecían “Magdalenas”, empieza la tragedia señores y señoras esto que les digo es pura verdad, un señorito engaña a la criada con falsas mentiras, ella inocente se entrega a él, la deshonra y la abandona; el padre de ella la hecha de su casa y se ve perdida. (las mujeres que allí estaban lloraban y lloraban sin parar). Aconsejándole a sus hijas que tuvieran cuidado con los señoritos y cantaban la canción que decía:
                       
            Era una joven linda y hermosa, era más bella que el Sol de abril, hacía el servicio de cocinera en comercio de gran postín, el señorito hijo del dueño que de la joven se enamoró. Siempre jurándole con delirio que la quería de corazón. La joven que era inocente viendo que tanto le juraba se entregó a sus pretensiones y después de deshonrarla la deja abandonada; la joven está medio loca, quiere vengarse de su dolor. Él la cita con una carta, a la cita pronto acudió, el señorito que se creía que iba a pasar un rato de amor, ella sacó un cuchillo y en su pecho se lo clavó. La joven marchó a presidio por el delito que cometió pero estando en el calabozo ella cantaba esta canción: Muchachas que me escucháis nos os dejéis engañar que el lujo trae muchos casos y yo misma por el lujo mirad donde fui a parar, cumpliendo condena ya.
            Mi madre y mis vecinas no sabían leer y yo tenía que leerles cada día las canciones a todas las vecinas.
  
 
 
Ni Málaga, ni Granada,
 
Barcelona o Madrid,
 
no tienen tanta importancia
 
como para mí Motril.
 
Me llenan sus costumbres
 
me llena su verde campo
 
será por esos detalles
 
que  la quiero tanto
 
 
Que envidia ser de un pueblo, sientes nostalgia, en el  viviste tu niñez de la que tienes tantos recuerdos; no se si será envidia de no estar allí entre ellos. Al cabo del tiempo vuelvo pretendiendo recordar lo más viejo que hay en mí, mi tierra, mi infancia, ¿Que me queda de mi pueblo?
A aquellos pueblos que se han modernizado de forma rápida, llegó todo sin esperarlo. Las calles pavimentadas, iluminación, coches en las aceras, semáforos, las fuentes públicas, eliminaron los abrevaderos del ganado. Total que aquel ya no es mi pueblo, que me lo han cambiado por fortuna, para bien de sus ocupantes que hoy disponen de hijos que nunca llegaron a soñar que tendríamos de todo: consultorios, médicos, revistas… y sobre todo no verse aislado de la civilización.
He tenido la tentación en algún viaje de los que hago, contemplar lo que fue y lo que es mi pueblo: bonito, moderno… Cosa que me alegra por el bien de todos mis paisanos y sin embargo aquel pueblo de chavales marco con toda probabilidad a unas cuantas generaciones, las de aquellos que hoy apenas nos atrevemos a asomarnos de vez en cuando temerosos de que ni nos acordemos del nombre de quienes fueron al colegio. Sus calles cambiaron de nombre, sus moradores cambiaron de costumbres, para mi es una alegría que comparto con ellos. Todo lo que sea mejor es importante, aquellas costumbres ya son historia, ¡Por el bien de todos!
 
 Manuel Palomares Martín
 

jueves, 3 de enero de 2013

Aquellos tiempos que pasaron y que no volverán, ni falta que hace



Quiero dedicarles a mis paisanos unas cuantas anécdotas vividas para que sepáis la gente tan simpática que eran vuestros vecinos:

            Una vez iba un niño y se cayó del burro y el burro se partió la lengua, el niño lloraba y pasó un hombre y le preguntó ¿por qué lloras? Y le dice: porque el burro se partió la lengua. A lo que le responde: y  para lo que tiene que hablar.

            En Motril había la costumbre de llevar la comida al campo y los hombres eran  muy hombres, cuando una mujer llegaba un poco tarde todos se reían; aquel hombre salio al camino y pasó un niño y le preguntó: ¿has visto a mi mujer? El niño le dice: buen hombre si yo no la conozco. El le contesta: ¿Quién tuviera tu dicha?

            Cuando llegaba el mes de marzo todo era distinto, con sus fábricas echando humo y tocando sus sirenas y todos los caminos de la Vega llenos de gente, muchos burros y mulos acarreando cañas y muchas caras nuevas por nuestras calles, caras que no eran conocidas, le llamábamos follalgos; era de ver como los niños cogíamos cañas de los burros, pero con mucho cuidado pues había unos guardas que nosotros les llamábamos calcamuses que también les cantábamos nuestras coplas que decían:

Las cañas están muy dulces

y no se puede chupar

porque están los calcamuses

a perrilla la hartá.

 
            Aquellos tiempos que pasaron y que no volverán, ni falta que hace porque era una vida de analfabetos pero gente a la buena fe, sin cultura pero con un gran corazón; eran hospitalarios  dispuestos a hacer un bien por cualquiera sin pensarlo. Hoy la vida cambia, al conocer estas costumbres y ahora estas, notas la diferencia entre las personas de ayer y de hoy. Frecuento mucho mi pueblo y no encuentro la ilusión que se veía en las personas cuando las visitaba algún familiar u amigo.

            La cosa cambia con el paso del tiempo, pero es normal, nos es que prefiera la otra vida a esta, pero si que la añoro aunque creo que esta vida es muy sana. Me parece que hay más mandad, más compañerismo y son más sanas las personas. Todas las épocas no son iguales, en aquellos tiempos no se repartía nada porque nada había y lo poco que había era de los poderosos; nos juntabamos pandillas de niños, los pobre y los ricos pero siempre ganabamos lo pobres, les quitábamos los juguetes, las meriendas y todo cuanto tenían era nuestro, esos tiempos ya se acabaron.

 

La cultura es lo más importante de la vida



          He vivido épocas que no quiero pensarlo, conocí al Rey, la Dictadura de Primo de Rivera, la República y por conocer también el Franquismo; a cual peor. Me alegro de la vida que os ha tocado a vosotros, por lo menos disponéis de buenas escuelas, buenos maestros, no tenéis que trabajar a una temprana edad. Los niños con esa edad es para ir a la escuela y como soy un hombre que viví; como os digo no dejéis pasar vuestra oportunidad; yo la dejé pues no llegué a tenerla, tuve que luchar en la vida como un hombre siendo un niño.

            Tenía tres hermanos más pequeños y al faltar mi padre se llevó la llave de la despensa y a pasar hambre; así que vuelvo a remachar que la cultura es lo más importante de la vida.

La vida no pasa dos veces



           Recuero aquella plaza de España donde niños de nueve a diez años acudíamos a pedir trabajo, allí nos juntábamos cincuenta que por muy bien que marchar la cosa y con suerte cogían la mitad, luego nos engañaban, si te decía tres pesetas te daban dos y no podíamos reclamar nada y si protestabas al día siguiente no te daban trabajo; entonces te marchabas a hacer lo de diario que era apedrear perros por decir algo y a bañarse en nuestras piscinas públicas como era el puente de Salobreña y el Hoyo del Cenador, la Matraquilla y cosas por el estilo. A esto le tengo que agregar que los guardias te quitaban la ropa y nuestras madres tenían que ir a casa del guardia a pedir que se la devolvieran.

            Pero yo era un niño que sabía un poco más de la cuenta, porque hay un refrán que dice que: Sabe más un necesitado que cien abogados. Vivía cerca de la acequia, dejaba la ropa en casa, me ponía la mano en la pirula y al baño sin miedo a quedarme encueros, pues ya lo estaba.

            Era un niño que no sabía leer ni escribir, cuando fui un poco mayor comprendí que tener cultura era muy importante, entonces en vez de jugar  empecé a asistir a la escuela nocturna y lo que aprendí me sirvió para aprender un oficio que con el saqué a mi familia y situarla en la vida, por eso pido a todos que tengáis en cuenta que la vida no pasa dos veces; este que lo dice es un hombre que tiene setenta y un año

Don Manuel Manzano López, maestro


            Tuve cuando era niño un maestro que no podré olvidar, por su constante afán de enseñar a sus discípulos lo que sabía, unos dicen que era muy malo, yo jamás lo diré pues para mi y mucho más fue un ejemplo de un ser que nació para enseñar y así lo hizo. Jamás se cansó de hacer su labor.

De aquella escuela salieron muy buenos alumnos que sin tener carrera desempeñaron grandes puestos de trabajo en la sociedad en que vivimos; pero llegó la Guerra Civil y este hombre fue detenido y maltratado, obligado a trabajar en trabajos duros y todos los que fuimos sus alumnos lo veíamos hacer cosas que él no estaba acostumbrado. Yo por mi parte sufría porque veía en aquel hombre un ser diferente a los demás, para mí era un “Dios” al que respetaba.

            Unos cuantos alumnos empezamos a recoger firmas por si podíamos salvarle la vida, pero fue imposible, al final lo fusilaron; aquello fue para mi un mazazo, era un hombre, un honrado profesional, su misión era repartir cultura, por todo eso los caciques del pueblo no le interesaban, solo querían analfabetos para ellos poder explotarlos a su antojo, para llevarnos a sus campos y ponernos delante de un capataz que solo le faltaba pegarnos, y a veces también lo hacían.

Soy de la familia de Horacio Denia Gómez



           Estimado amigo “Soliquitrón”: soy de una familia de Horacio Denia Gómez, creo que no está bien hablar de lo muertos y mucho menos para hablar mentiras. Horacio fue una buena persona  y nunca se metió con nadie, su madre fue muy decente pues no era hijo del maestro, Luís solo era un barbero que allí trabajaba. En cambio tu eres un escritor de pacotilla que solo escribes tontería,  ¿Tu qué eres en la vida? Un hombre que has hecho reír a los demás; pero al fin y al cabo también tienes tu historia y no muy brillante porque lo que tu escribes no puede salir de este pueblo, nadie lo entendería.

            Usando tu vocabulario, escribes sandeces y nada que merezca la pena, así que si eso es lo que escribes mejor que lo dejes y te dediques a otra cosa. Porque si mañana dios mediante alguien escribiera tu vida que también la tienes y no muy “espercojá” como tu dices, a tu familia no le sentaría bien; así que puedes seguir escribiendo pero ante infórmate y recoge bien los datos y no podrás herir  los sentimientos de nadie amigo  Soliquitrón.
            Y se despide, este que tenía buen criterio de tus sandeces, yo también soy motrileño y me honro ser de Motril, no tengo que estar en cada momento pregonando a los cuatro vientos pues todos sabemos historias, algún día alguien contará la tuya y será de risa porque tu no eres muy espercojado y de luces estás más apagado que un candil con aceite y tu sabes que  hay un refrán que dice que: el que a hierro mata a hierro muere; así que ten cuidado Soliquitrón

Motril en la liga nacional de fútbol

Motril CF. 1955/56


Motril es la tierra más bonita que hay en toda la geografía española, cada lunes miro el periódico para poder ver el nombre de Motril en la liga nacional de fútbol, ahora no podré verlo;  y pregunto a mis paisanos: acaso una ciudad  como Motril  no puede tener un equipo en Tercera División  y si un pueblo de cinco mil habitantes puede tener un equipo  Segunda B como Macael.

            Esto podría hacerse con buena voluntad por parte de cada uno, en el deporte también promociona un pueblo y Motril se lo merece por lo meno es lo que hay que  hacer porque el deporte también da prestigio a un pueblo y como motrileño quiero lo mejor para el.

Los niños teníamos muchas iniciativas para los juegos



 

Detrás de un presente existe un pasado que es el que quiero comentar, cuando era niño existían cosas muy diferentes a la que hoy existen, los niños teníamos muchas iniciativas para los juegos, los teníamos que inventar todo aunque eran juegos muy sencillos pero bonitos. Como jugar a piola, al polimacho, a las cajas de cerillas, al trompo. Aquellos juegos eran inolvidables, ahora los juegos no son imaginativos, son técnicamente más bonitos pero todo lo dan hecho y pierden sus encantos.

            Hoylos niños no se ven por las calles porque no tienen tiempo libre, sus padres no se acuerdan cuando ellos eran niños y yo pregunto ¿cuándo un niño deja de serlo? A los diez años, doce o quince; creo que el niño hasta los quince es todavía un niño y tiene el derecho a jugar. Los juegos forman parte de su cultura, desarrollo, inteligencia y educar sus manos aparte.

            Que jueguen con ordenadores y videos lo veo bien, que antes ningún niño tenía una bicicleta; tienen coches teledirigidos lo veo bien; pero padres, un niño que juega se pierde la inocencia y eso es muy importante para su preparación como hombre, esa es mi opinión. ¡Dejar que los niños jueguen!.

miércoles, 2 de enero de 2013

Como un barco sin rumbo



Hice muchas cosas en la vida, unas buenas otras malas y otras regulares; pero una de las peores que hice fue marcharme de la tierra que más quería, aún estoy convencido de que no fue culpa mía. Hoy no me hubiera marchado, a nadie le deseo lo que pasa un emigrante. Llegas a una tierra que no conoces la lengua, las costumbres y la cultura; en fin, eso queda para el que lo pasa.

Poco a poco fui haciéndome a aquello que trabajo me costó, todo esto se lo debo a los caciques de mi pueblo que por no dar no daban ni trabajo; me consolaba cada momento de mi tierra, de sus costumbres, de sus gentes, de todas las cosas hermosas que allí había que no son pocas.

Los años lo curan todo y al fin me hice a convivir con ellos, crié mis hijos, los situé en la vida y estoy contento; pero no por eso dejo de acordarme de mi tierra donde nací y ahora que tengo tiempo vengo cada vez que puedo para así recordar algo de mi vida que ya quedó lejos pero que no se olvida

 

Es tan bonito mi pueblo

que no lo puedo olvidar

donde yo jugué de niño

donde no podré jugar

ni sentir las gaviotas

en la orilla del mar

ni el ruido de las olas

cuando te vas a acostar

 

Como un barco sin rumbo

navegando en alta mar

Dios decide tu destino

y te hace en un puerto atracar

eso no tiene importancia

lo bueno es que hay que llegar.

 

La historia de un hombre como otros tantos


Voy a recordar la historia de un hombre como otros tantos, era un motrileño celebré por su acordeón, por su apodo le decían el “Ganga”, un hombre falto de luces pero buena persona, jamás se metió con nadie y todo el mundo se metía con él. Estaba convencido de que era un buen músico y que su acordeón era único. Y todo lo que hacía era dar el tostón, algunos lo llamaban para tocar y reírse; porque tocar tocaba, pero música hacía poca.

            Lo único que sabía tocar es “El sitio de Zaragoza” y mal tocado. Cuando llegaba a decir: ¡Alerta cazador!, él hacia de perro y los críos le decíamos: Ganga, bribón. El nos apedreaba y se ponía como una fiera. Muchas veces le rompían el acordeón y lloraba como un niño y con eso comía. Unos lo llamaban para reír, otros para que tocara en un baile, le daban unas perras y con eso vivía.

            Lo que no hizo nunca fue trabajar, decía que era un artista, el pobre tenía menos luces que una palmatoria y así paso la vida, como otros tantos fue uno más que debe de ser recordado como otros que pasaron por la vida sin pena ni gloria y esta es la historia de un hombre que vino para hacer reír a los demás.

Las cosas que te pasaban de niño nunca se olvidan.


Aunque hace muchos años que dejé mi tierra, no puedo olvidarla, ya la llevo dentro de mi alma porque las raíces se llevan muy adentro. No sabéis  los que tenéis la suerte de vivir en la tierra que nos vio nacer, yo tuve que abandonarla en contra de mi gusto y cuanto me pesa, no pasa un solo instante que no me acuerde de ella.

            En fin, las cosas son como son, no deseo a nadie que tenga que emigrar a otras tierras donde nadie nos comprendan, ya por las costumbres o por las culturas o por la lengua; tiene uno que amoldarse a otras costumbres diferentes a las nuestras, así es la vida y hay que admitirlo. Me adapté pronto, vine a trabajar y no tuve problemas, crié a mis hijos  y estoy contento de vivir aunque una tierra que nos admitió tal como éramos. Aunque siempre me acuerde de mi tierra, es tan bonita que la añoro.

            No pierdo la esperanza de volver algún día y disfrutar de lo que hace cuarenta años no disfruto, no pierdo la esperanza, es lo último que se pierde, porque me acuerdo mucho de mi niñez que todo era maravilloso y cosas que no se pueden olvidar.

            Siempre recuerdo las cosas de niño cuando eres mayor, aquellos juegos que hoy se han perdido y tanto nos divertíamos, ya pasaron a la historia; pero es bonito recordar, jugábamos al palimocho, a piola, a los botones, a las plazas, al trompo, a pillar…todo era maravillo. Hoy hay otras costumbres que no sabemos si son mejores o peores-

            Me divertía mucho y tengo mis recuerdos, me gusta sentarme y empezar a recordar todas las cosas de mi tierra que para mis años con como una terapia, porque las cosas que te pasaban de niño nunca se olvidan.

Lo llevo con mucha paciencia



Lo peor que le puede pasar a una persona pero aún no puede quejarse, pues creo que Dios aprieta pero no ahoga, a mí me dio una naturaleza que todo pude aguantarlo, a ella la cuidaba a la vez que trabajaba y nunca llegué  a cansarme; lo hice todo lo que tuve que hacer sin enfadarme. Creo que era mi obligación y así lo hice. Pero como todo llega, mi hija que se casa ya vienen los nietos, eso era una alegría nueva; ya empiezo a conocer otra generación pero sin olvidar lo pasado porque eso quedó dentro de mí para toda la vida.

Ya se casa otra y lo mismo, nietas y contento porque  en eso tuve suerte, son cariñosos y buenos, estoy contento; más tarde se casa el niño y quedamos la mujer y yo solos, cuando parecía que todo marchaba bien otra vez enferma mi mujer. De nuevo sin esperanzas según los médicos, así que ahora cuando más falta hace la compañía me encuentro solo, con la falta que hace la compañía cuando uno es mayor.

Lo llevo con mucha paciencia, con lo que tengo muy buenos hijos y me dan mucho cariño y también mis nietos que son muy cariñosos, entonces creo que tengo suerte.

El pregonero decía



Los niños nos divertíamos en aquellos tiempos cuando por cualquier cosa salía un pregonero a la calle con una trompeta y echaba un bando, uno fue de una niña que se pedió y sus padres locos pues no la encontraban por ninguna parte. El pregonero decía: Se ha perdido niña de ocho años, gorda, guapa y cariñosa; si alguien puede dar razón que los diga, que su familia lo agradecerá, la niña atiende de nombre Luchi. Después de poner en vilo a todo el pueblo la niña estaba en su casa debajo de la cama.

            Todo eso divertido, los niños disfrutábamos detrás del pregonero, se llamaba Fernandico, todo eso se ha perdido con el tiempo.

Todas las mujeres se agolpaban



Recuerdo muchas cosas de cuando era niño que no puedo olvidar, quedaron muy dentro de mis recuerdos, aquellos hombres y mujeres que venían explicando un crimen o una joven deshonrada por un señorito; se ponían en las plazas o calles con un cártel donde tenían fotos de tal suceso. Si era deshonra o crimen, el hombre con una barita señalaba a la joven deshonrada.

            Todas las mujeres se agolpaban  y hacían un coro todas con lagrimas en los ojos que parecían “magdalenas”, empieza la tragedia señores y señoras esto que les digo es pura verdad, un señorito engaña a la criada con falsas mentiras, ella inocente se entrega a él, la deshonra y la abandona; el padre de ella la hecha de su casa y se ve perdida. Las mujeres que allí estaban lloraban y lloraban sin parar. Aconsejándole a sus hijas que tuvieran cuidado con los señoritos y cantaban la canción que decía:

                        Era una joven linda y hermosa, era más bella que el Sol de abril, hacía el servicio de cocinera en comercio de gran postín, el señorito hijo del dueño que de la joven se enamoró. Siempre jurándole con delirio que la quería de corazón. La joven que era inocente viendo que tanto le juraba se entregó a su pretensiones y después de deshonrarla la deja abandonad; la joven está medio loca, quiere vengarse de su dolor. Él la cita con una carta, a la cita pronto acudió. El señorito que se creía que iba a pasar un rato de amor, ella sacó un cuchillo y en su pecho se lo clavó. La joven marchó a presidio por el delito que cometió pero estando en el calabozo ella cantaba esta canción:

                        Muchachas que me escucháis nos os dejéis engañar, que el lujo trae muchos casos y yo misma por el lujo mirad donde fui a parar, cumpliendo condena ya.

            Todo esto lo recuerdo bien porque mi madre y mis vecinas no sabían leer y yo tenía que leerle cada día las canciones a todas las vecinas.

Aquellos libros de texto



Aquellos libros de texto eran tan bonitos que no se pueden olvidar, los recuerdo con mucho cariño; pues hoy no se ven en ningún libro, algunos de ellos quedaron en mi mente para toda mi vida…

Dos caracoles un día tuvieron fuerte quimera sobre quién mayor carrera en menos tiempo darían y una rana le decía: antes de echar a correr mirad si podéis andar.

Otra fábula: Con esta ametralladora dice el sabio si se hizo mil disparos al minuto y seis mil por hora, que gloria será la mía si esta máquina potente llega a matar buenamente un millón de hombres al día; así se acabarán las guerras y también la Humanidad.

Todos son recuerdos de niño. Subió una mona a un nogal y cogiendo una nuez verde, la cáscara muerde y le supo muy mal; arrójala el animal y se quedó sin comer; así  puede suceder a quién su empresa abandona y no hay como la mona al principio de vencer.

Una niña fue a lavar en par de medias azules y le picó un alacrán entre el domingo y el lunes.

La avaricia rompe el saco, le dijo el mosquito a la rana, prefiero en el vino morir que en el agua vivir.

El vino por muy malo que sea es mejor que agua bendita.

Había un médico en Motril que era labrador



Había un médico en Motril que era labrador y siempre con su capataz hablaba de las cosas del campo, un día llegó un enfermo a su consulta y como solo pensaba en las cosas del campo al enfermo le recetó: seis cargas de estiércol. Era lo que pensaba.

Curtidos por el Sol y las brisas marineras


          Tampoco se puede olvidar ir a la playa por las mañanas y poder ver aquellos pescadores curtidos por el Sol y las brisas marineras; en sus rostros reflejaban el cansancio y la mala vida que tenía siempre lo mismo. Preparaban sus redes y al agua, con la esperanza de Dios, unas veces tenían suerte y otras no; pero ellos volvían día tras día con más o menos suerte, siempre con lo suyo que era pescar.
 

Aquellos tiempos cuando se cortaban las cañas



Quién de niño no recuerda aquellos tiempos cuando se cortaban las cañas, las cuadrillas de mujeres, hombres y niños  que hacían las faenas  que nadie quería hacer. Ver a las mujeres con todo el cuerpo tapado, solo se le veía los ojos, había una de ellas que solo repartía agua a los demás, se llamaba la aguadora; con su cántaro y jarro de lata con pinchas en el caño para que nadie pudiera mamar. Pues el agua era lo único que abundaba, la comida…lo único que abundaba era el buen humor, reír y cantar era lo suyo. Recuerdo aquellas coplas que decían:

- Cuando las ranas canten al sol, se pone el capataz de monda, que cara pone.

- Tenemos capataz que no lo merecemos, que nos echa con la Luna porque con el Sol nos vemos.


Había un mudo en Motril que era carretero y se dedicaba a construir carros, además era un buen ciclista, con la bicicleta hacía lo que quería; pero era presumido. Un domingo por la tarde con su traje blanco y su bicicleta, cuando más gente había, en el Puerto existían unos trampalanes  que hoy no están; cogía la bicicleta y motaba a mucha velocidad, al llegar a diez centímetros del final frenaba y quedaba parada la gente, aplaudiendo. El se ponía orgulloso, cuando se cansó puso la bicicleta a un lado y tres o cuatro amigos le quitaron los tacos de los frenos y le dicen que ellos no lo han visto hacerlo; el mudo, muy animado cogió la bicicleta montó y hecho a correr, al frenar no pudo y  catapún, de cabeza al agua con su traje blanco. Si el muro se entera quién fue, lo mata, cosas de motrileños.

Los arrieros tenían su cooperativa y asambleas



En el 1936, época de la Guerra Civil española, las cosas que se sentían en aquellos hombres de buena fe era simpatía, por ejemplo los arrieros tenían su cooperativa y asambleas; cada uno exponían sus problemas.

- Cierto día entró un arriero y dijo: Dios os  guarde.

- Y le dice el Presidente: Se ruega al compañero que salga y entre como Dios manda.

- Un arriero pide la palabra y dice el compañero Juan: Le dijo ayer al burro “arre asamblea”.

- Y el Presidente le contestó: Dios le castigará.

martes, 1 de enero de 2013

Mi padre era un hombre que no sabía leer, ni escribir



Tenía nueve años, mi padre era un hombre que no sabía leer, ni escribir; tenía mucho interés que yo supiera para poder estar orgulloso. Cuando empecé a saber leer, mi padre le contó a su dueño que su hijo ya sabe leer; entonces el dueño le dijo: Tráeme al niño que lo vea.  Mi padre me cogió de la mano y orgulloso de sí mismo, me llevó al examen. Tal fue mi asombro cuando el dueño me preguntó: Vamos a ver ¿qué dice la p con la m? Yo me quedé parado y no pude contestar y le dijo: Tu hijo no sabe nada. Mi padre me pegó.

Al día siguiente indagué el caso y pregunté, me dijeron que las consonantes juntas no decía nada y le dije a mi padre que me llevara otra vez al dueño, me llevó y le dije que no decía nada, entonces le dijo a mi padre: Es verdad que sabe leer, este señor era Don Federico Montero, cosas de la vida.

Este no es mi Camino de las Cañas



Hoy vuelvo a mi tierra, como siempre me gusta recorrer sus calles y plazas, me quedé asombrado al ver el Camino de las Cañas que para mí está muy bonito; pero no es mi Camino de las Cañas que llevo en mi mente. Tanto jugué en esa calle que era mi calle porque allí nací y la llevo muy dentro de mi alma. Era la carretera de Granada, en ella aprendí todos los juegos de mi niñez, a colgarme de los coches para coger cañas, como y  muchos niños del Camino de las Cañas. Esta no es mi calle que me la han cambiado, la calle que tanto quería por que fue mi cuna, allí tenía la escuela, mis amigos. Todo lo recuerdo con tanta nostalgia, pues este no es mi Camino de las Cañas.

Había una barbería y un barbero



En la calle Catalanes había una barbería y un barbero que se llamaba Mora, aficionado a los toros, le hacían creer que sabía torear. En Motril se celebraban corridas nocturnas con vacas y toreaban paisanos. Convencieron al tal Mora para torear y le dijeron que se pusiera delante del chiquero que le echarían un marrano para que la gente se riera; él lo hizo, pero tal fue la sorpresa que se abrió la puerta del chiquero y salió una vaca con sus cuernos grandísimos, la  vaca lo revolcó, lo dejó encueros y entonces fue la risa, aunque para él no fue así, cosas de motrileños.

 

Aquellos tiempos de fútbol en los que teníamos tantos equipos como el Cigala, los Playeros, el Estrella, el Motril Club de Fútbol. Y buenos jugadores, como Murcia, Laguna, Guillermo; porteros como Caracuel o Feriche. Defensas: Amas el “Siete Cabezas”, Caro Villegas, Carlos Crispín y otros tantos; después vinieron Trullo, Manaco, Antúnez, David, el Bizcocho, Julico, Pepico, la Encarna, Rufino, el Peluca, San Antonio, Mariano, Ramos.

Motril lo tenía todo, hasta por tener tenía su himno que decía así:
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Han pillao a tu madre en un corralón con un carabinero jugando al fútbol

En el día de San Antonio




Había un hombre en Motril que le llamaban el “Correillo”, embustero como él solo, nadie le creía nada, un día se presentó en el Centro de Cazadores y contó lo que sigue: Yo venía de Vélez y me encontré con una banda de gorriones que tapaba el Sol, echó mano a la escopeta y no tenía perdigones; pero no me turbé, metí la vaqueta en el cañón su pólvora correspondiente y disparé. Me puse a recoger gorriones y llené los serones más dos sacos. Todos lo miraban con cara de asombrados, sabían que era mentira pero como lo decía tan serio nadie lo ponía en duda y siempre igual, cosa de motrileños.

Había un barbero en Motril que le decían “Marquesito” por su forma de vestir, era elegante; los domingos se dedicaba a ir  por los cortijos con su máquina de fotografiar y con acento extranjero, reunía a la familia cortijera para hacerle una foto que es lo que menos hacía: “Y ya se la mandaré”. De paso lo invitaban a comer que era lo que el buscaba; así pasaba los domingos. Una vez llegó a la playa un domingo por la tarde, con la playa llena de gente, sacó una llave de bolsillo, abrió  su caseta que no existía, cerro la caseta, se desnudo y toda la gente lo miraba y él tan tranquilo. Cerro la caseta y a una pareja que lo miraba, con mucha cara le dice: Tome la llave por si su novia quiere bañarse. Con todas estas historias se puede escribir la historia de un pueblo, Motril tiene muchas.

Había un gitano en Motril que le decían el “Puyo”, sin herramientas con un martillo y unos alicates, pregonaba: Se arreglan cacicos, sartenes, romanas y se atirantan colchonetas. Para ello se necesitan diez o doce años de aprendizaje y no los tenía.

En el día de San Antonio todos los chavales a cinco céntimos juntábamos un duro y nos marchábamos a la calle de las Cruces ya disfrutar, nos llenaban los bolsillos de cacahuetes y garbanzos tostados. Aquello era maravilloso, lo que disfrutábamos, pero de todo hay en la vida, yo tenía un amigo que le dice el padre: Toma un duro, Y el le dice: Papa si tengo el del año pasado. Ya podéis pensar lo derrochador que era.

Antes de la Guerra había unas costumbres muy familiares, era bonito ir toda la familia al cortijo del Conde a comer naranjas, los niños decíamos: Vete al Cortijo del Conde que te pelen y que te monden, que te corten las orejas y que te pongan otras nuevas.

Los primeros tocadiscos que llegaron a Motril los ponían en los bares, yo era muy niño, habían algunos que miraban por el altavoz pues creían que estaba el cantaor dentro; era muy gracioso ver la caras de asombro de aquellos hombres, de admiración por lo que sentían, no se lo podían creer y así era todo en aquellos tiempos.