Voy a recordar
la historia de un hombre como otros tantos, era un motrileño celebré por su
acordeón, por su apodo le decían el “Ganga”, un hombre falto de luces pero
buena persona, jamás se metió con nadie y todo el mundo se metía con él. Estaba
convencido de que era un buen músico y que su acordeón era único. Y todo lo que
hacía era dar el tostón, algunos lo llamaban para tocar y reírse; porque tocar
tocaba, pero música hacía poca.
Lo
único que sabía tocar es “El sitio de Zaragoza” y mal tocado. Cuando llegaba a
decir: ¡Alerta cazador!, él hacia de perro y los críos le decíamos: Ganga,
bribón. El nos apedreaba y se ponía como una fiera. Muchas veces le rompían el
acordeón y lloraba como un niño y con eso comía. Unos lo llamaban para reír,
otros para que tocara en un baile, le daban unas perras y con eso vivía.
Lo
que no hizo nunca fue trabajar, decía que era un artista, el pobre tenía menos
luces que una palmatoria y así paso la vida, como otros tantos fue uno más que
debe de ser recordado como otros que pasaron por la vida sin pena ni gloria y
esta es la historia de un hombre que vino para hacer reír a los demás.
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